La revista ‘Nature’ ha publicado recientemente un amplio estudio científico sobre “Los
impactos del cambio climático y las adaptaciones de la producción de vino”, bajo la
coordinación principal del investigador y profesor de Viticultura de la Universidad de Burdeos,
Cornelis van Leeuwen, el que se revisan las consecuencias de los cambios de temperatura,
precipitaciones, humedad, radiación y CO 2 de los últimos 15 años en la producción mundial de
vino y se exploran estrategias de adaptación.
Así, entre muchos aspectos, se señala que “alrededor del 90% de las regiones vinícolas
tradicionales en las regiones costeras y bajas de España, Italia, Grecia y el Sur de California
podrían estar en riesgo de desaparecer para finales de siglo, debido a la sequía excesiva ya las
olas de calor más frecuentes con el cambio climático”.
En cambio, “las temperaturas más cálidas podrían aumentar la idoneidad para otras regiones
(estado de Washington, Oregón, Tasmania, Norte de Francia) y están impulsando ya el
surgimiento de nuevas regiones vinícolas, como en el Sur del Reino Unido”.
El grado de estos cambios en la idoneidad (del cultivo del viñedo) depende en gran medida del
nivel de aumento de la temperatura. Los actuales productores pueden adaptarse a un cierto
nivel de calentamiento cambiando el material vegetal (variedades y portainjertos), los sistemas
de conducción y la gestión de los viñedos. Sin embargo, estas adaptaciones podrían no ser
suficientes para mantener una producción de vino económicamente viable en todas las zonas.
La investigación recoge que “las temperaturas más altas hacen avanzar la fenología (etapas
principales del ciclo de crecimiento), desplazando la maduración de la uva a una parte más
cálida del verano. En la mayoría de las regiones vitivinícolas del mundo, las cosechas de uva se
han adelantado entre 2 y 3 semanas en los últimos 40 años. Las modificaciones resultantes en
la composición de la uva en el momento de la cosecha cambian la calidad y el estilo del vino”.
Se señala, igualmente, como punto clave que “el aumento de la sequía reduce el rendimiento y
puede provocar pérdidas de sostenibilidad. El uso de material vegetal resistente a la sequía y la
adopción de diferentes sistemas de formación son estrategias de adaptación eficaces para
hacer frente a la disminución de la disponibilidad de agua. El riego suplementario también es
una opción cuando se dispone de recursos sostenibles de agua dulce”.
En referencia a Europa, el estudio concluye que “se espera que el cambio climático desplace
las regiones adecuadas (para la producción de vino) hacia latitudes y altitudes más elevadas.
Con niveles bajos de calentamiento global (< 2ºC), la mayoría de las regiones productoras
tradicionales de vino mantendrán su idoneidad, aunque dependiendo de la implementación de
medidas de adaptación, especialmente en el sur de Europa”.
“En escenarios de calentamiento más severos, la mayoría de las regiones mediterráneas
podrían volverse climáticamente inadecuadas para la producción de vino, y los viñedos por
debajo de los 45ºN podrían verse tan amenazados que la única adaptación factible sería
reubicarse en altitudes más altas”.
Referencia: https://www.nature.com/articles/s43017-024-00521-5