La viticultura mundial se ve amenazada por la modificación del medio ambiente provocada por el cambio climático. El aumento de la temperatura y de la concentración atmosférica de CO2 determina una aceleración del proceso de maduración, que puede ser perjudicial para la calidad del vino.
De ahí que sean necesarias estrategias de adaptación y mitigación para reducir el estrés térmico e hídrico y mejorar los niveles de producción cualitativa. Entre las diversas técnicas disponibles, las mallas de sombreo representan una alternativa interesante por sus efectos sobre el microclima de la canopia y la producción de uva.
Dado que la temperatura global aumenta continuamente, el sombreado artificial representa una estrategia de protección innovadora contra la exposición excesiva y las olas de calor.
Sin embargo, estos efectos varían fuertemente en función de la intensidad del tratamiento de sombreado, el momento de su aplicación, las condiciones ambientales y las diferencias en la respuesta de los cultivares.
Según una investigación llevada a cabo por especialistas de la Università Politecnica delle Marche (Italia), la reducción de la actividad fotosintética puede mejorar la eficiencia en el uso del agua y ralentizar el proceso de maduración, preservando la acidez del mosto. Los compuestos fenólicos, que se benefician de la exposición a la luz para su síntesis, se ven afectados negativamente por el sombreado, mientras que la composición aromática puede verse mejorada por él.
La acumulación de reservas en la vid se reduce por la menor producción de fotoasimilados. Las mallas fotoselectivas, gracias a su color, no sólo reducen la intensidad luminosa, sino que también modifican la calidad del espectro luminoso que llega a la canopia, determinando así respuestas específicas en las plantas.
Por lo tanto, el uso del sombreado artificial representa una alternativa válida en viticultura para mitigar los efectos del calentamiento global. Aunque con algunas diferencias relacionadas con el periodo y el método de aplicación y con la intensidad de la reducción luminosa, a costa de una disminución de la acumulación de reservas, permite ralentizar el proceso de maduración, evitar la volatilización de los compuestos aromáticos y reducir los daños causados por la sobreexposición de los racimos.
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