El hongo Botrytis cinerea, responsable de la podredumbre gris, sigue siendo una amenaza constante en viticultura. Capaz de infectar más de 1.400 especies vegetales, incluidas las vides (Vitis vinifera L.), este patógeno necrotrófico provoca pérdidas importantes en la producción.
La persistencia de B. cinerea se debe a su naturaleza policíclica, su alta variabilidad genética y su capacidad de sobrevivir en condiciones ambientales adversas. Ataca hojas, flores y frutos, y su control tradicional se ha basado en la aplicación de fungicidas químicos. Sin embargo, estos tratamientos no son específicos, pueden afectar a microorganismos beneficiosos y, con el tiempo, favorecer la aparición de cepas resistentes. Por ello, la investigación se ha centrado en alternativas más sostenibles, como el uso de bacterias con actividad antagonista frente a hongos.
Diversos estudios han demostrado que bacterias de los géneros Bacillus, Lysobacter y Pantoea pueden inhibir el crecimiento de B. cinerea y otros patógenos de la vid. Sus mecanismos incluyen la producción de enzimas capaces de degradar las paredes fúngicas (quitinasas y glucanasas), compuestos orgánicos volátiles y no volátiles, competencia por nutrientes y espacio, y la activación de defensas naturales en la planta. En particular, Bacillus produce lipopeptidos (como iturinas, fengycinas y surfactinas) con efectos antifúngicos, siendo fengycinas e iturinas especialmente potentes frente a hongos, y surfactinas con actividad antibacterial y antiviral.
Un estudio reciente realizado por los investigadores de la Universidad de Stellenbosch (Sudáfrica), y publicado en el ‘Journal of Applied Microbiology’, aisló 188 bacterias de hojas y suelo de viñedos para evaluar su actividad antagonista frente a tres cepas de B. cinerea. Nueve de ellas (ocho Bacillus y una Pantoea) mostraron una inhibición superior al 60%. La actividad antifúngica disminuyó en medios ácidos, con solo seis cepas activas a pH 5. Todas producían quitinasa, y cinco también glucanasa, contribuyendo a frenar la germinación de esporas y el crecimiento micelial.
El análisis químico confirmó que los lipopeptidos eran los principales responsables de la actividad antifúngica, y que las diferencias entre especies y cepas se deben sobre todo a la composición de estas moléculas. Se observó que cepas productoras de bacillomicina D mostraban mayor potencia frente a las de iturina A, especialmente en combinación con ciertos tipos de surfactinas. Los Bacillus podrían ser candidatos prometedores para desarrollar estrategias de biocontrol más sostenibles.
Este estudio evidencia que el ecosistema del viñedo alberga una diversidad microbiana valiosa para la salud del suelo y de la planta. Sólo un 13% de las bacterias cultivables mostraron actividad antifúngica significativa, lo que subraya la importancia de seleccionar cuidadosamente las cepas. Factores ambientales como el pH influyen tanto en el crecimiento de los patógenos como en la expresión de los rasgos antifúngicos de los antagonistas.
En conclusión, la investigación confirma que los viñedos contienen bacterias con gran potencial como agentes biológicos frente a Botrytis cinerea, especialmente dentro del grupo Bacillus amyloliquefaciens. La combinación de producción de lipopeptidos y enzimas degradadoras de la pared fúngica ofrece una vía prometedora para reducir la dependencia de químicos, reforzar la salud de la vid y avanzar hacia una viticultura más sostenible.
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