Los vinos envasados en latas de aluminio acumulan más sulfuro de hidrógeno (H2S, aroma a huevo podrido) que los vinos en botella tradicional (vidrio), probablemente debido a la reacción del aluminio con los sulfitos (SO2). Un trabajo de investigadores de la Cornell University (N. York) evaluó la variabilidad de la formación de H2S en función del SO2 molecular y libre entre los revestimientos de latas comerciales y las posibles causas de las diferencias observadas.

Para ello, se ajustaron cinco vinos comerciales para variar el SO2 libre, el SO2 molecular y el pH, y se envasaron durante un máximo de ocho meses en latas con tres revestimientos diferentes (uno epoxi con bisfenol A [BPA] y dos epoxi sin BPA [BPA-NI]). El SO2 molecular fue el mejor predictor de la formación de H2S tras el almacenamiento a largo plazo. Aunque la corrosión visible era mayor en el cuello de la lata, la formación de H2S requería el contacto directo entre el aluminio y el vino.
En estudios de seguimiento de envejecimiento acelerado utilizando 10 fuentes de revestimiento que representaban a cinco fabricantes, se observó una variación considerable en la producción de H2S, incluso entre latas con la misma química de revestimiento. Las latas sin usar se caracterizaron mediante una serie de técnicas ópticas, físicas y electroquímicas. Se observó una correlación inversa entre el grosor del revestimiento y la producción de H2S, pero la escasa capacidad de predicción de otras técnicas sugería que las diferencias entre revestimientos se debían a la reacción del revestimiento y el vino durante el almacenamiento.
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