La industria del vino enfrenta un desafío generacional que está impulsando una renovación en sus estrategias de mercado, especialmente en el ámbito del packaging. Según datos recientes de la consultora IWSR, la frecuencia de consumo de vino está disminuyendo entre los jóvenes con edad legal para consumir alcohol en numerosos mercados clave, mientras que los consumidores de más de 55 años mantienen su relevancia. Esto pone de manifiesto la necesidad de que los productores adapten sus productos para captar la atención de la Generación Z, nacida entre 1997 y 2012.
Hay que tener en cuenta que la Generación Z creció en un entorno marcado por una mayor conciencia sobre la salud y la moderación en el consumo de alcohol. Esta cohorte ha estado expuesta a una amplia gama de opciones en el mercado de bebidas, incluyendo varias bebidas desalcoholizadas o sin alcohol, lo que ha diversificado sus preferencias y reducido su familiaridad con la cultura del vino (regiones vitícolas tradicionales y las variedades de uva). Además, son más sensibles al aumento de precios y están redefiniendo las ocasiones asociadas al consumo de vino.
Innovación y autenticidad: el nuevo lenguaje del vino
Para conectar con este público, las marcas en todo el mundo están apostando por romper con el lenguaje tradicional del vino. Un ejemplo destacado por IWSR es Frezzcanti, un vino espumoso colombiano que utiliza diseños de etiqueta inspirados en los años setenta. Su estrategia se basa en la libertad que le otorga la falta de tradición, posicionándose como una opción atrevida y alejada de los convencionalismos.
Para conectar con este público, las marcas en todo el mundo están apostando por romper con el lenguaje tradicional del vino. Un ejemplo destacado por IWSR es Frezzcanti, un vino espumoso colombiano que utiliza diseños de etiqueta inspirados en los años setenta. Su estrategia se basa en la libertad que le otorga la falta de tradición, posicionándose como una opción atrevida y alejada de los convencionalismos.
Otras marcas están optando por nombres que evocan emociones o estados de ánimo en lugar de variedades de uva. Whiny Baby (California), por ejemplo, categoriza sus vinos como “Unwind” o “OMG”, eliminando el uso del corcho tradicional y sustituyéndolo por cierres con elementos decorativos que pueden ser utilizados como accesorios.
Moderación y opciones de bajo contenido alcohólico
La preferencia por un consumo consciente también ha impulsado la oferta de vinos de bajo contenido alcohólico o sin alcohol. Marcas como Kim Crawford Wines y Bread & Butter han lanzado líneas que destacan su menor graduación como un valor diferencial. Incluso han surgido opciones inspiradas en las cervezas, como Nice Session Wines, con solo un 3,4% de alcohol.
Nuevos formatos para nuevas ocasiones
La evolución de los momentos de consumo también está llevando a las marcas a explorar formatos innovadores. Desde el Bag-in-Box hasta las botellas de aluminio reciclables, estas opciones ofrecen practicidad y sostenibilidad. Un ejemplo destacado es Gonzo Vino (Australia), que utiliza envases bag in box, lata y también pouch, con diseño actual y en productos de tendencia (bajo grado, vinos naranja…). Esta estrategia no solo apela a la sostenibilidad, sino que también se alinea con los valores de la Generación Z.
El papel del diseño en la conquista de nuevos consumidores
El diseño audaz y las presentaciones disruptivas se han convertido en herramientas clave para eliminar las barreras al consumo de vino. Las opciones listas para beber (Ready to Drink-RTD), los vinos espumosos y las propuestas vinculadas a comidas informales reflejan una adaptación a los estilos de vida actuales. Greasy Fingers, por ejemplo, combina vinos con comidas rápidas gourmet, mostrando cómo las marcas están reimaginando el consumo de vino para hacerlo relevante y atractivo para las nuevas generaciones.
