La regulación del rendimiento mediante distintas técnicas de manejo del viñedo constituye una herramienta eficaz para mejorar la calidad tecnológica de la uva y del mosto, aunque la elección del método determina el equilibrio entre producción y calidad. Así lo concluye un estudio, que comparó tres técnicas de regulación del rendimiento en la variedad blanca Welschriesling (Vitis vinifera L.).
El ensayo evaluó la reducción de inflorescencias, el despunte de racimos y el aclareo de racimos frente a un testigo sin intervención. El experimento se desarrolló con cuatro variantes, cada una representada por 12 cepas distribuidas en tres repeticiones de campo, y todas las operaciones se realizaron manualmente. La reducción de inflorescencias se aplicó en el estado fenológico BBCH 57, el despunte de racimos en BBCH 75 y el aclareo de racimos en BBCH 77. Los resultados fueron analizados mediante la prueba de Tukey (p <0,05).
La reducción de inflorescencias produjo el mayor peso medio de racimo, con 177,58 g, frente a los 110,28 g obtenidos con el despunte de racimos y los 117,39 g registrados en el aclareo. En cambio, ninguno de los tratamientos ejerció un efecto significativo sobre el peso de las bayas (p >0,05).
Todos los métodos de regulación del rendimiento redujeron significativamente la producción por cepa respecto al testigo. La mayor disminución correspondió al aclareo de racimos, mientras que la producción por hectárea descendió entre un 25,27% y un 36,37%, según el tratamiento aplicado.
En cuanto a la composición del mosto, la reducción de inflorescencias registró el mayor contenido de azúcares totales, con 214,58 g/l, al tiempo que presentó una menor acidez total, de 6,17 g/l (p <0,05). Según los autores, estos resultados confirman que la regulación del rendimiento constituye una herramienta eficaz para mejorar la calidad tecnológica de la uva y del mosto en las condiciones de cultivo de Europa Central para esta variedad.
El trabajo recuerda que la regulación del rendimiento es una práctica habitual para optimizar la productividad del viñedo y mejorar la calidad de la uva, especialmente en variedades blancas de elevada producción. En este sentido, investigaciones previas han demostrado que estas técnicas favorecen una maduración más uniforme, reducen la compacidad de los racimos y contribuyen a mejorar el equilibrio fisiológico de la vid. También influyen en la formación de metabolitos secundarios, entre ellos precursores aromáticos y compuestos fenólicos, además de favorecer el equilibrio hídrico de la planta y optimizar la evolución de los azúcares y la acidez.
Los autores señalan que, aunque estas prácticas han sido ampliamente estudiadas, sus efectos comparativos en las condiciones de cultivo de Europa Central siguen estando insuficientemente documentados. Asimismo, destacan que el cambio de las condiciones climáticas refuerza el interés de la regulación del rendimiento como herramienta para mejorar la calidad de la uva.
Como conclusión, el estudio confirma que las tres técnicas de regulación del rendimiento reducen la producción y mejoran distintos parámetros relacionados con la estructura del racimo, el desarrollo de las bayas y la composición del mosto. El aclareo de racimos produjo la mayor reducción del rendimiento, pero también las mejoras más acusadas en la calidad del mosto, con un mayor contenido de sólidos solubles totales, una menor acidez valorable y una mayor uniformidad del tamaño de racimos y bayas, por lo que los autores lo consideran la opción más eficaz cuando el objetivo prioritario es la producción de vinos de alta calidad. El despunte de racimos y la reducción de inflorescencias también redujeron la producción, aunque en menor medida, y constituyen alternativas eficaces para equilibrar el rendimiento y la calidad de la uva. Los investigadores añaden que la reducción de inflorescencias puede resultar especialmente ventajosa cuando se requiere una intervención temprana o cuando la eficiencia de la mano de obra constituye una prioridad.
Por el contrario, el testigo sin intervención obtuvo las mayores producciones, aunque presentó una mayor variabilidad en el tamaño de racimos y bayas, una circunstancia que puede afectar negativamente a la madurez tecnológica y a la composición final del mosto, especialmente en campañas cálidas.
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