Un estudio publicado en el ‘Journal of General Internal Medicine’ pone de relieve la importancia de diferenciar los distintos niveles de consumo de alcohol al analizar su relación con el riesgo de cáncer. El trabajo, liderado por la Dra. Luana C. Pinheiro, de Weill Cornell Medicine (Nueva York), concluye que los consumos elevados se asocian con un incremento de la mortalidad por cáncer, mientras que no se observó un aumento del riesgo entre los consumidores moderados. El trabajo ha sido analizado por el Observatorio de Noticias de la Fundación para la Investigación del Vino y la Nutrición (FIVIN), que recoge sus principales conclusiones.
La investigación analizó los datos del estudio REGARDS, una cohorte integrada por 26.694 adultos mayores de 45 años, con una edad media de 64 años, de los que el 56% eran mujeres. Los participantes fueron seguidos durante una mediana de 13,3 años, periodo en el que se registraron 2.306 muertes por cáncer.
Tras ajustar los resultados por múltiples factores con potencial influencia sobre el riesgo de enfermedad y mortalidad, como la edad, el sexo, el tabaquismo, la obesidad, la diabetes, la actividad física o la situación socioeconómica, los investigadores comprobaron que los participantes con consumos elevados de alcohol presentaban un riesgo de mortalidad por cáncer un 21% superior al de los abstemios.
En cambio, los consumidores moderados, definidos en el estudio como aquellos con una ingesta de hasta 14 bebidas semanales en hombres y hasta siete en mujeres, no mostraron un incremento del riesgo. Por su parte, los bebedores ligeros, con un consumo igual o inferior a tres bebidas alcohólicas por semana, registraron un riesgo de mortalidad por cáncer un 13% inferior al del grupo de referencia. No obstante, los propios autores subrayan que este resultado debe interpretarse con cautela, ya que no puede descartarse la influencia de factores de confusión relacionados con el estado de salud previo de los participantes y con las características propias del grupo de referencia del estudio, formado por no bebedores.
Más allá de estos resultados, el trabajo señala que las estrategias de prevención del cáncer deberían alejarse de enfoques centrados exclusivamente en comportamientos aislados y adoptar una visión más integral del estilo de vida. En este sentido, los autores destacan que factores como la alimentación, la práctica de actividad física, el tabaquismo, el estado metabólico o el contexto social interactúan entre sí y contribuyen conjuntamente a los resultados de salud.
Entre las fortalezas del estudio figuran el elevado número de participantes, el largo periodo de seguimiento y el ajuste estadístico por múltiples variables potencialmente influyentes. Sin embargo, los investigadores también reconocen importantes limitaciones. La principal es que el consumo de alcohol se registró únicamente a partir de la información declarada por los participantes sobre los siete días previos al inicio del estudio, lo que explica que el porcentaje de no bebedores alcanzara el 63%, una proporción superior a la habitual.
Además, ese grupo de referencia presentaba una notable heterogeneidad, al incluir tanto abstemios de toda la vida como personas que no bebían temporalmente por algún episodio intercurrente reciente, bebedores muy ocasionales o individuos que habían dejado de beber por motivos de salud. Según los autores, esta diversidad dificulta la comparación entre grupos y constituye una de las principales limitaciones del estudio.
A ello se suma que tampoco se registraron los patrones de consumo, su evolución a lo largo del tiempo, el tipo de bebida consumida ni aspectos relevantes como si la ingesta se realizaba durante las comidas o en episodios puntuales de mayor ingesta.
Referencia
Pinheiro LC, Jumonville G, Ringel J, Berg KY, Rosenberg S, Tonorezos E, Chandwani R, Tamimi RM, Phillips E.
Reevaluating the Alcohol-Cancer Link: Long-Term Cancer Mortality Outcomes in the REGARDS Study. J Gen Intern
Med. 2026 May 4. doi: 10.1007/s11606-026-10479-3.