Los momentos de consumo y los hábitos sociales con él relacionados han cambiado. Una de las tendencias que los expertos están siguiendo con atención es la evolución del vino presentado en formato lata. De hecho, el mercado mundial de vino en lata se valoró en aproximadamente 211,4 millones de dólares en 2020, y es probable que aumente a una tasa de crecimiento anual compuesta del 13,2% hasta 2028.
Ahora, investigadores de la Universidad de Boloña han publicado en el American Journal of Enology and Viticulture una completa revisión académica en la que abordan cómo, a pesar del rápido crecimiento de esta categoría de productos vitivinícolas y de las grandes previsiones de mercado, existe una preocupación sobre la calidad de los vinos en lata. Desgraciadamente, esto lleva a que el consumidor perciba estos vinos como productos de baja calidad, lo que debe ser abordado por la industria vitivinícola.
Los investigadores plantean que los vinos enlatados tienen una vida útil limitada, ya que a menudo presentan características reductoras desagradables (por ejemplo, sabores a huevo podrido y verduras cocidas). El aluminio se corroe en el pH ácido del vino y reacciona con el dióxido de azufre para producir sulfuro de hidrógeno. En vista de la naturaleza compleja y multifactorial del problema, es razonable suponer que se necesita un enfoque integrado para identificar estrategias que aumenten la vida útil de los vinos en este formato alternativo.
De ahí la importancia de una óptima preparación del vino para su envasado en lata, lo que requiere un esfuerzo adicional para comprender las implicaciones de la química redox del vino. Hay que controlar los parámetros químicos del vino en el momento del embotellado (en particular, los niveles de azufre y metales) y limitar la degradación del revestimiento de la lata.
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